abril 07, 2017

Old School skateboards: longboards y downhill.



No sé a quién se le ocurrió ponerle ruedas a un zapato (patines); pero eso, a mi humilde entender: es un invento “antinatural”. Lo que sí me resultó natural fue tomar una tabla flexible con ruedas (skateboard) y deslizarme/rodar por cuantos lugares pudiera, desde marquesinas hasta avenidas. El patín, se te “amarra” al pie, mientras que el skateboard, se “adapta” a tus circunstancias. Siempre tuve uno a mano (propio o de amigos); así que, no recuerdo haber intentado “partirme la madre” (romperme un hueso) intentándolo con patines. Bueno, con los skates, me partí hasta el alma (hay post sobre eso); pero, así es la vida: decisiones y consecuencias.

La cuestión está en que en estos días, pude ver a un muchachito con su skateboard, que andaba por la calle. Y me puse a pensar sobre cómo eran nuestros skates y cómo son ahora.  La primera vez que vi un skateboard en mi vida, fue a finales de los 80’s. Era un skate de plástico, de unas 20 pulgadas, rojo, de gomas oscuras (moradas, para ser exacto). Pertenecía a un vecino (Ñey) que tenía varios hermanos mayores y me lo prestó por unos “días”, mientras viajaba al exterior. Su casa tenía una marquesina con bajada de unos 35-40 grados en relación a la calle y que estaba a varios metros por encima de esta (en un alto)… usted podrá imaginarse lo que se gozaba en esa época (sin carros en la calle y sin tránsito actual).

Los estrallones, bueno, creo que el dolor de espalda que me dio hace unos días es una secuela del aprendizaje (jajaja). Sin embargo, lo que me lleva a escribir este post es la experiencia vivida de cómo éramos en aquella época. Para que entienda, uno podía, literalmente, dormir en la calle, o dejar el skate en el frente de la casa y: ahí amanecía. Una calle recién asfaltada, era lo más cercano al cielo (eso, y la bajada de atrás del Colegio Quisqueya… aún recuerdo fragmentos de esas tardes… y creo que, David tiene el récord del mayor estrallón… no sé por qué las monjas cerraban ese portón de tarde); 

Hoy en día, los skaters solo hablan de marcas exclusivas de piezas, de la dureza de las gomas (75-80), de ángulos (50 grados) de caída del eje, para deslizarse (y frenar… en longboards). Ahora, imagine que en mi época, usted lo debía hacer todo con un skateboard de 24 o 32 pulgadas plano (como el de la imagen superior), de marca desconocida, con piezas a las cuales usted le rezaba a Dios para que mantuvieran su integridad cuando pasaba de una velocidad de 30 km/h  (velocidad de la luz para un muchachito adolescente de principio de los 90’s) o si hacía un salto; y, por cierto, la única protección que había entre usted y el suelo era la cruz que su madre le ponía en la frente: si se caía, quedaba (literalmente) como una yuca: pelado por todos lados. Fuera de eso, si hubiéramos tenido la mitad de la tecnología que hay ahora: hubiésemos sido “leyendas”.

Al día de hoy, aún recuerdo cada calle a un radio de 5 km de mi casa con desnivel pronunciado… lo raro, es que solo he visto unos 10 skaters en años ¿Por qué? No tengo esa respuesta. Ahora mismo, me vino a la mente el sonido de las cajas de bola de las gomas al bajar por una calle asfaltada (llena de pequeñas piedras sobresalientes… nada “liso” como el “asfalto” de ahora: con base de arena)… y la sensación al dar un giro de 180 o 360 grados. Lo cierto es, que ahora hay mucho tránsito (conductores imprudentes, estacionados en todos los lugares) y las vías están en condiciones “regulares” (han asfaltado en muchos sitios).

Así que, si quisiera “partirme la madre” (romperme un hueso, en el sentido de hacer algo peligroso y absurdo) inventando cosas que no debería hacer a esta edad: creo que, compraría un longboard y “algo” de equipo de seguridad. Buscaría una colina bien larga (asfaltada y en buen estado) en una zona remota, y practicaría “downhill” (bajar la colina) por horas o días… hasta que algo que, no fuera mi alma: se rompiera. Esos pequeños momentos, valen de mucho en la vida; y son recuerdos inolvidables. Por cierto, había olvidado las chispas (hahaha de mi caída: http://elatic0.blogspot.com/2006/10/mquinas-extremas-el-skateboard-o.html)… ahora, con mi tamaño y peso, sería una proeza digna de los videos de “Failarmy” o “People Are Awesome”… dependiendo del tablazo (hahahaha). Hay cosas que merecen el riesgo, y siempre sostendré que un skate: lo vale.

P.d. Un skateboard sirve, además de su uso común: como mesa, como banco, como arma, como escudo, como carrito de supermercado, como camilla para mecánico, como pizarra, como lijadora/amoladora (lija), como tema de conversación, como excusa para cita con una chica, como excusa para “tocar” a tu cita, como objeto de trueque, etc. Los patines: solo sirven para “partirte la madre” de forma absurda, peligrosa y sin diversión… en esencia, si alguna vez va a regalar algo: regale un SKATE.  

marzo 15, 2017

Puccini… ¿El perrito? (jajaja… todavía me estoy riendo).


Espero que el maestro Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini, no salte de su tumba y de un triple salto mortal de cabeza invertido, por la salvajada que voy a escribir. Hace unos días, mientras “calentaba” mi “Home Theater” (el desuso daña los sistemas de audio, por si no lo sabía), elegí la canción Nessun Dorma (Que nadie duerma);  algo así, como la victoria del amor frente al reto de la vida (cosa de locos sí, con la princesa Turandot;  pero, algo majestuoso a nivel de lírica). En fin, exactamente entre “Il nome mio nessun saprà…” y “Sulla tua bocca lo dirò!” (¡Mi nombre nadie sabrá!... sobre tu boca lo diré) pude sentir un par de ojos observándome, (algo, como una “personita” de 14 años, con rendimiento de 20): mi sobrina menor, que había llegado a casa con mi hermana menor.

Recuerdo su cara al decirle: eso es Nessun Dorma (ella: “er diache y qué es eso?”… quizás, pensaba que era un grupo nuevo); “eso es opera” (mi pequeña salvaje). Nota: lo dentro del paréntesis no se lo dije; pero, lo pensé. Se que por algo le dije que su creador era Puccini, y fue ahí cuando algo en el Universo se fracturó, cuando ella me contestó: ¿El perrito? (jajajajaja…), de inmediato me llegó a la mente su referencia: el perrito Poochini (al menos, se pronuncia igual) de unos muñequitos que ella veía en TV con su hermano cuando era pequeña.

Esa composición, me recuerda que en la vida: lo que sabemos, no se compara con lo que aprendemos por el simple deseo de SENTIR: sentir la música, el espíritu y el alma de aquello que se asemeja a algo NUESTRO (un sentimiento, al margen del tiempo o el lugar). No importa la ópera, el trance o el reguetón: ¿Cuál es el mensaje que queremos que perdure? (como compositores)...“Ed il mio bacio scioglierà il silenzio… Che ti fa mia! (¡Y mi beso disolverá el silencio… que te hace mía!) Y nada, los perritos no componen ópera, solo “levantan la pata” y “mueven la cola”. Bueno, y si están sentimentales: muerden… como todos nosotros. “Ma il mio mistero è chiuso in me… Il nome mio nessun saprà!... (Mas mi misterio está encerrado en mí, mi nombre nadie lo sabrá!)

Todo amor es un reto y una apuesta (frente a la vida y las circunstancias), lo que me lleva a lo más simple: Giacomo Puccini no fue un genio por encerrarse a componer o perfeccionar sus obras; lo fue, porque se propuso eternizar su obra más allá de las palabras (letras) y se enfocó en el sentimiento como medio de la tonalidad (eso explica por qué la gente llora (literalmente) en la opera; así como, en lo teatral (representativo) de las cosas. Eso, y porque le encantaban los autos (en una época en la que comenzaban). En fin, como dice mi mamá: “Burro no come bizcochito”,  a lo cual le agregué hace muchos años: “y si los come, es porque es chiquito” (jajaja). Son pocas las composiciones de opera que me gustan; pero, no por ello, debo dejar de apreciar el buen arte.

P.d. Por cierto, el príncipe "desconocido" de la princesa Turandot, se llamaba Calaf. Y aquí, hay un video de una interpretación de Pavarotti algo "colorida", pero, subtitulada: 




febrero 24, 2017

12 cosas que jamás te diré: ¿Nos volveremos a ver?



Nada es para siempre, o al menos, eso nos han dicho. Y escribir doce posts sobre el amor  y la amistad cada febrero, me pareció un buen reto: como hombre (se supone que somos duros y sin “sentimientos”) y como Blogger (un animalito en vía de extinción, debido a otras redes sociales).

He leído miles y miles de textos sobre el amor y la amistad. El 90% de ellos, son de experiencias personales de sus autores o de personas que se identifican con el escrito. Sin embargo, el 10% restante, busca (o, mejor dicho: trata de) explicar con palabras el resultado de un sentimiento o sentimientos que nos marca la vida. Y sí, nos marca.

Las mujeres tienden a ver el asunto desde su óptica (el príncipe azul, el corazón roto, la libertad de la soltería, soledad, familia, amigos, etc.). Pero, nosotros los hombres, vemos el asunto de un modo más “físico”, por decirlo de algún modo (y no me refiero a babear por una mujer que le acelera el corazón; me refiero a que ,nosotros atamos nuestros sentimientos a experiencias vividas, no a idealizaciones o expectativas de alguien más)... algo que trataré el próximo año.

Las mujeres dicen que somos como “perros”; bueno, somos leales e incondicionales con nuestra “ama”; pero, al margen de ello, al escribir uno busca (al menos yo) tomar un solo detalle del asunto y desarrollarlo de modo que me deje un recuerdo sobre dicha experiencia. He visto a “gorilas” (tipos grandes) llorar como niños por un chihuahuita que le regalaron a alguno de sus hijos y enfermó; y, mujeres más frías que un condensado Bose-Einstein; si embargo, esas son actitudes circunstanciales frente a situaciones de la vida y no los sentimientos que se ocultan de tras de ello. Eso, es lo interesante de ser un Blogger: no eres una fuente bibliográfica, eres solo un escritor de algo que se te ocurrió o te sucedió, y que compartes contigo (y con Google, que le gusta leer tu blog 100 veces al día con su spider googlebot) con el simple subjetivismo humano: nuestra forma de ver las cosas.

Ahora bien, este post, se titula ¿Nos volveremos a ver? Esa, es la pregunta más importante luego de conocer a esa mujer que “centra” tu mundo en esa sola pregunta; y que, hace querer que el próximo día se desintegre hasta el preciso momento en que la vuelvas a ver. La respuesta a eso, quizá vendrá el próximo año… ya cumplí, de un modo distinto (para no caer en la rutina de la vida) con mis 12 posts. Por cierto, si quieres que algo pase, haces que suceda... sin importar las circunstancias; acaso eso, no es lo que hace especial al amor? nada es imposible.


febrero 20, 2017

12 cosas que jamás te diré: Contéstame.


Cosa de dos, en una sola vida. Una razón discordante entre las consonantes del destino. Un día cualquiera, una mañana cualquiera, te preguntaría mi nombre. Sí, mi nombre completo. Si no sabes eso, te aseguro que no sabes nada de mí. ¿Qué es un nombre? solo palabras que atan el alma a una persona, la singularidad de lo abstracto en un mundo meramente físico. Y qué significa saber el nombre de una persona… nada, y a la vez: todo.

Entonces, ¿Cuál es la importancia de saber el segundo nombre de alguien o su segundo apellido? Bueno, si usted conoce pocas personas, no sería nada; si usted conoce a decenas de miles, necesitará de esas dos simples palabras para enlazar cientos de recuerdos a un rostro, a una vida, a un momento. Sí, hay personas con mala memoria (jajaja… recuerdo a unas tres personas así); sin embargo, ese detalle nos muestra la diferencia entre los/las amigos/as y los/las conocidos/as.

Así que, en ese día o en esa mañana cualquiera, cuando te llame a ti, mujer, por tu nombre completo, como muestra de la seriedad del asunto y te diga: “contéstame”… ¿Podrás hacerlo? A veces, la pregunta importa más que la respuesta. De igual modo, al que un nombre, marca la total diferencia respecto de lo que se siente y lo que se expresa. Somos la suma de tiempo, recuerdos e historias, y si no podemos darle una individualidad a todo eso: perdemos el momento, la oportunidad.